Ahora que todos somos virólogos, pandiemiólogos, cuarentenologistas, epitetólogos, cloroquinologistas, epílogos y sentenciologistas, todos sabíamos que _______________ [ponga aquí su «yo ya había dicho…»].
Y todos vemos que el Gobierno es un desastre.
Fácil, encerrado en casa. Desde un sofá.
Pasa en España, que está en plena Guerra Civil 2.0 , por si no hubiera suficiente lío.
Pasa en Francia, donde el cabreo de los chalecos amarillos, de la reforma de las pensiones, resurge en el movimiento #ilssavaient (Lo Sabían), que acusa al Gobierno de haber sabido la que se venía encima en enero y no haber hecho nada. Les quieren llevar a juicio.
Mira que yo soy muy de piensa mal y acertarás. Pero cada vez más tengo la sensación de que ellos, como tú y como yo, no lo vieron venir.
De acuerdo, son el Gobierno, tienen asesores, comités científicos… Tienen menos derecho a no entender la amenaza de este chisme.
Sin duda, dan una imagen de improvisación, de incompetencia. En Francia y en España. Supongo que en Italia también pero lo conozco menos.
Y en parte, sin duda, lo son. Incompetentes, quiero decir.
En Francia, porque la banda de ministros y ministrillos que rodea a Macron están, como él, más preocupados por la imagen que por la gestión real. Y bueno, cuando el jefe tiene Banca Rotschild en grande y en negrita en currículum luego pasa lo que pasa.
El primer ministro Edouard Philippe parece más solvente pero con el estrés le está saliendo un mosaico blanco en la barba muy gracioso.


En España, porque los chavales del nuevo Gobierno de coalición no han tenido tiempo ni de pasar un trapito para quitar el polvo. Se han sentado en su despacho y les ha caído encima el tsunami del siglo.
Incluso el impresentable Trump. El siniestro Putin. Se han hecho los duros, hasta que no les ha quedado más remedio que rendirse a la evidencia. (O cargar con más de 2.000.000 de muertos a sus espaldas, para EEUU, según cálculos de científicos británicos).
Si es que hasta Boris Johnson, que quería dejar al virus inmunizar tranquilamente a la población dejándose unos miles de británicos muertos por el camino se lo ha pillado, en un bello bofetón del destino. Aunque le deseamos lo mejor.
Ahora andan todos peleándose en el mercado internacional de respiradores y mascarillas. No hay suficiente, todo es Made in China, y en ocasiones desde China les engañan como a chinos. A España, con los famosos tests. A Holanda, con las mascarillas. China se disculpa diciendo que en una situación así, un error lo tiente cualquiera. Dos, también.
En fin que yo, cada vez más tiendo a pensar que se la han comido doblada. Sin más.
Buen resumen del enano de Twitter en Francia.
Lo dicen, más clarito, señores que saben mucho.
Yo creo que la han cagado básicamente porque, como para ti y para mi, creerse lo imposible lleva su tiempo.
Cuando nos preguntemos cómo puede ser posible un contagio global tan rápido, siempre podremos mirar este mapa de la NASA que muestra las interacciones del mundo globalizado… Ese que seguramente no volverá a ser igual.

Yo también hacía bromas. Y sacaba pecho diciendo que era un catarrito. Una gripecilla. Y que yo, bien, gracias.
Los chinos no han ayudado mucho -quizás ellos tampoco lo han conseguido al principio- pero entender este virus es complicado. Nadie sabe muy bien qué hace exactamente, cómo se contagia precisamente… Los científicos van publicando investigaciones, pero un poco a ciegas. Todavía andan discutiendo si los modelos informáticos que calculan la pandemia son lo suficientemente precisos.
Las cuentas de víctimas, contagiados, son más que aproximadas.
Es un catarrito, una gripecilla, hasta que el sistema inmunitario se vuelve loco y crea una tormenta de citoquinas. Una reacción en cadena que no depende de la edad del paciente. El sistema inmunitario se defiende tan agresivamente que daña los órganos. En los casos más graves no es el virus el que mata. Es el sistema inmune.
Vox: How doctors can potentially significantly reduce the number of deaths from Covid-19
En fin, que nuestra super-ciencia está en pañales frente a este virus desconocido. Imagínate nuestros responsables políticos.
Así que seguramente es mejor dejar la rabia y las críticas para otro momento. Con la que está cayendo.
Vigilar, sí. Que no nos la cuelen demasiado. Que no nos hagan pagar la cuarentena (ya lo están intentando), que no perennicen las medidas excepcionales, el control cibernético (algunos ya lo están haciendo), el estado policial y militar.
Ahora que hemos visto que es posible vivir más lento, contaminando menos, que la Sanidad es importante y hay que mantenerla… Si luego quieren hacer como si aquí no hubiera pasado nada, y devolvernos al sistema fallido anterior, habrá que ponerse serios y decirles que no.
Pero mientras, en pleno marrón, mejor dedicarse a cosas más productivas que a cabrearse, que además es malísimo para las defensas, y dejarles ocuparse de esto como buena -o malamente- puedan, que ya veis que van justitos y el tsunami es bastante gordo.

Ya tenemos suficiente trabajo con cuidarnos. Esto de la cuarentena tiene su peligro, porque el cuerpo se acostumbra a todo.
Como los gatos, si no te mueves, mejor. Y te acostumbras. Y no es lo mismo ir a trabajar, ir hasta tu lugar de trabajo, andar por la oficina, cargar o pasarte el día de pie, que dar vueltas entre la cocina y el salón. Si te dejas ir, el cuerpo no va a pedir más. Pero luego se paga.

Con el aburrimiento y la ansiedad pasajera es fácil ponerte a comer cualquier mierda. Y beber. Malo para las defensas. Si te pilla el bicho, que te pille en forma.
Esto va para largo así que mejor tomárselo como una maratón, mirar al horizonte, no al suelo, cuidarse y si te sobran fuerzas, cuidar a otros. A los que quieres, y a extraños. Porque nuestros incompetentes de cabecera están muy liados, como podéis comprobar. Y es posible que les olviden algunas de las promesas que han hecho de no dejar a nadie atrás. Se lo tendremos que recordar.
Mientras, lo mejor es quedarse en casa, lavarse las manos y la cabeza. La higiene mental va a ser tan importante como la otra, en esta maratón.
Y ya ¿No?
Lúcido, brillante y divertido. Y sabias conclusiones.
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