Me encantaría dar una buena noticia, en serio. Haberlas, haylas, Seguro. Pero no en el Ártico, la región más afectada por la crisis climática. Y lo que pasa en el Ártico no se queda en el Ártico. Afecta a todo el sistema climático.

NOTA: me dice el climatólogo Zack E. Labe, que es de lo mejorcito que hay y de lo más majo que: en esta época hay mucha variabilidad. Aunque el día que tomé la imagen del gráfico era el peor de la serie histórica ayer (31/03/2020) era ‘solo’ el 5º peor. Por aquí sus gráficos, que actualiza regularmente. Osea, que está la cosa muy mala, pero no especialmente peor.

Para empezar, hay un agujero en la capa de ozono del Ártico.

El agujero de ozono «famoso» es el de la Antártida. En principio está mejorando. El año pasado se cerró hasta su mínimo histórico aunque fue gracias a un episodio de calentamiento estratosférico súbito de record. Después, el hemisferio sur ha pasado un verano abrasador y con muchos eventos extremos como lluvias torrenciales.

Hace poco se ha publicado un estudio que celebra la acción colectiva en la reducción del agujero de la capa de ozono de la Antártida. También explica que el frenazo ha «corregido» o «pausado» la desviación de la corriente de chorro austral, que estaba cambiando los patrones climáticos del hemisferio sur.

Los científicos son reticentes a sacar conclusiones precipitadas, pero teniendo un cerebro, se puede deducir entonces que si hay un agujero récord en la capa de ozono del Ártico, puede tener una influencia en las corrientes atmosféricas del hemisferio norte. Sin esperar a que saquen un estudio.

Se puede seguir «en directo» la evolución del agujero en esta página de Copernicus. A 50hPa el agujero es bastante impresionante. La científica Antje Inness, lo sigue de cerca en su cuenta de Twitter.

Para empezar: si se ha llegado a formar un agujero así en la capa de ozono es porque se ha creado un vórtice polar muy poderoso, estable y persistente, que ha mantenido el aire frío concentrado en torno al Polo, lo que, junto a los famosos gases CFC, que siguen en la atmósfera, favorece la destrucción de ozono.

Ozono y temperatura a 50hpa (unos 20 km de altitud)

Llevamos una serie record de la llamada Oscilación Ártica positiva (la diferencia de presión entre el Ártico, con presiones muy bajas, y las latitudes medias -con presiones muy altas). Desde hace semanas.

Es en parte la causante del invierno extraño que hemos vivido en Europa. El más cálido de la serie histórica.

Una ilustración perfecta de la oscilación ártica positiva, decía Mika Rantanen en febrero. En azul, presiones más bajas que la media histórica, en rojo, presiones más altas.

A finales de este aciago y extraño mes de marzo de 2020, el vórtice polar y la oscilación ártica se han desordenado dejando escapar aire muy frío a Europa.

Hasta entonces teníamos presiones muy altas que favorecían un tiempo estable, como congelado en el tiempo del confinamiento.

El mismo mapa a finales de marzo. La diferencia de presiones, es menor.
Un vórtice polar fuerte de libro, el 17 de febrero, en el mismo periodo que se produjo la oscilación ártica positiva de record.

Frío estratosférico, cuando despertó, el calentamiento seguía ahí

Pero no se vayan todavía, aún hay más.

A pesar de que ha hecho un frío extremo en la estratosfera que ha favorecido la pérdida de ozono, a pesar de que la temporada de hielo en el Ártico parecía prometedora (ha sido «solo» la 11ª menor extensión de hielo marino de la era de los satélites y la mayor desde 2013), el hielo marino se está fundiendo a una velocidad récord. Mucho más rápido que en 2011-2012, el año fatídico para la capa de hielo ártica.

¿Y ahora qué?

Pues… Ya digo que los científicos son prudentes. Y la tendencia puede cambiar.

Pero así a ojímetro y por pura lógica -después de haber vivido un invierno sin invierno y sin nieve en los países nórdicos, pero con demasiadas tormentas para el resto de Europa, acordaros de Gloria- podemos esperarnos otro verano abrasador en el hemisferio norte.

Y más cambios en la circulación atmosférica, corriente de chorro, etc. que pueden favorecer los incendios como los que han arrasado Siberia o la selva amazónica el verano pasado y las olas de calor insoportables del verano 2019, que también batió record sobre record.

También puede traducirse en un verano sin verano. En cualquier caso, tantos patrones meteorológicos y atmosféricos extremos… pintan mal. No es por joder, que ya sé que los ánimos están flojitos con la cuarentena y tal. Pero es mejor ser conscientes.

Cruzo los dedos, fuerte, para equivocarme.

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