El año 2020 nos ha salido distópico. Distópico de cojones, aún diría más. Si un joven guionista de Hollywood hubiera ido a una productora de cine con un guión así hace dos años, seguramente se habrían reido de él, por exagerado. Parece una peli de serie B, pero japonesa, no ya de Hollywood. Un Godzilla moderno. Para comprobarlo, ponemos juntos algunos de los eventos más importantes -todos reales y documentados- como si fueramos ese guionista abocado al fracaso y el escarnio.

Año 2020. El mundo está confinado por una peligrosa pandemia, un nuevo virus invisible, altamente contagioso, que sólo se puede intentar frenar decretando la cuarentena de más de un tercio de la humanidad. Gobiernos de todo el mundo despliegan al Ejército para ayudar en las labores de contención de la peor epidemia en un siglo.

Las autoridades de medio mundo no han entendido a tiempo la amenaza que suponía. El virus podría infectar al 60% o 70% de la humanidad. Puede ser mortal para las personas vulnerables y con la saturación de los hospitales, personas relativamente sanas, que con un poco de ayuda superarían la enfermedad COVID-19 podrían morir por falta de asistencia respiratoria.

Los Gobiernos mundiales se pelean por la compra de material sanitario que escasea en todo el mundo. Acuden al mercado negro. O por lo menos bastante gris. Se multiplican robos y estafas de equipamientos que deberían salvar vidas.

El hemisferio sur acaba de vivir un verano infernal, con incendios históricos, récords de calor en Australia y África y después tormentas de arena, lluvias torrenciales e inundaciones en Oceanía. La Antártida se derrite a marchas forzadas. Los científicos descubren que el agua más templada está derritiendo los glaciares también por debajo, no sólo en superficie.

Europa ha pasado el invierno más cálido de su historia. A nivel global, es el segundo invierno más cálido jamás registrado (y verano austral). Una temporada invernal con muchas borrascas que han golpeado con dureza provocando graves daños y víctimas mortales.

Records de temperaturas altas en todo el Continente, especialmente en Rusia. El viento también ha sido histórico en muchas zonas con rachas de viento de más de 200 km/h.

Los países nórdicos se preguntan donde está su nieve. Ni una gota en Helsinki, durante todo el invierno. Lo mismo para el sur de Noruega, Suecia, Dinamarca, Estonia…

El vórtice polar reforzado está provocando un rarísimo agujero en la capa de ozono del Polo Norte. Se ha producido un calentamiento estratosférico súbito, que es lo que ocurrió en el hemisferio sur antes de su infernal invierno. El verano promete.

Los científicos no entienen exactamente las consecuencias de estos cambios en la atmósfera pero basta con tener ojos, un poco de memoria y un cerebro.

La cuarentena mundial y la histeria ha terminado de poner de rodillas una economía mundial que apenas comenzaba a recuperarse de la crisis de hace una década. Según algunos expertos, la recuperación se basó en volver a hinchar las diferentes burbujas, en vez de reestructurar, controlar el absurdo financiero, la especulación.

Todo indica que esta vez no funcionará hinchar la burbuja. Difícil prever la salida de la peor crisis económica del siglo, a pesar de las promesas de los Gobiernos. En Europa se perpetua la división norte-sur. Alemania, Holanda, no quieren ayudar «demasiado» a Italia, España, que se desangran por la epidemia y la fragilidad económica.

Tanto Italia como España, los países más afectados por la pandemia, cuentan con Gobiernos «novatos». También Francia, donde el «visionario» Macron, el banquero, intentó retrasar al máximo el cierre del país.

A las puertas de Europa, miles de refugiados rechazados se amontonan en campos de retención, azotados por los últimos coletazos del invierno y amenazados por el misterioso virus. ¿Quién se ocupará de ellos cuando empiecen a contagiarse del COVID-19 por centenares? La situación de los sin techo también es una incógnita.

Confinado, el mundo se vuelve aún más digital. Si ya nos enamorábamos por Tinder, comprábamos en Amazon, ahora quedamos en Zoom, vamos a clase de yoga por FaceTime y vemos conciertos en Facebook Live e Instagram y los comentamos en Twitter y WhatsApp.

Las potencias petroleras mundiales, que ven acercarse el final de la era del combustible fósil, libran una batalla de precios en la sombra. Rusia y Arabia Saudí compiten en una guerra de rebajas y hacen la pinza a Estados Unidos, que no puede competir con precios tan bajos.

Estados Unidos, en pleno año electoral, está dirigido por Donald Trump, un millonario distópico, un payaso siniestro, que está decidido a hacer como si no pasara nada a pesar de todo para no perder votos de unas elecciones que no está claro si se podrán celebrar. En pocos días el país se vuelve en el epicentro de la epidemia. Él sigue diciendo que todo bien.

Rusia, que también tiene una cita electoral importante -un referéndum para eternizar en el poder a su líder Vladimir Putin, en abril- también intenta sofocar la realidad de la epidemia: «circulen, no hay nada que ver por aquí». Envía personal y material médico a Italia para demostrar al mundo -y sobre todo a su país- su control sobre la situación, para subrayar su condición de potencia mundial. Mientras, en su país la pandemia continúa avanzando silenciada.

China. El misterio. Allí surgió la pandemia. El gigante asiático se dispone a cerrar sus fronteras a cal y canto. No entienden cómo los otros países han sido tan irresponsables, tan poco disciplinados. Pero claro, no todo el mundo tiene un Partido Comunista con agentes para controlar las entradas y salidas de cada edificio, una disciplina férrea desde hace generaciones y varias epidemias previas que les permitieron ver las orejas al lobo hace mucho tiempo.

¿Me compráis la peli?

Ánimos. También saldrán cosas buenas de este berenjenal. La transición ecológica que necesitábamos, posiblemente. No ha sido una transición, sino un hostión. Pero qué maravilla el silencio. Qué tranquilos están los bosques, los ríos, las montañas. La pausita les va a venir muy bien.

Con un poco de suerte y mucha presión de la opinión pública -nosotr@s- la economía dejará de hinchar burbujas y de autodestruir. Quizás el mercado inmobiliario dejará de ser una buena inversión especulativa para convertirse en un derecho, a techo. El rápido contagio reducirá los desplazamientos, la contaminación, el transporte de mercancías se hará más racional y consumiremos alimentos y productos fabricados más cerca de nosotr@s.

You may say I’m a dreamer
But I’m not the only one.

De momento, mientras se alarga y extiende esta cuarentena mundial, hay que cuidarse.

Menos noticias, menos redes sociales, usar papel para escribir, dibujar, buscar maneras de hacer deporte, menos pantallas y más contacto con la materia, el agua, la madera, el barro, el hierro, la escayola, la piedra… Puede ayudar.

Abrazos, humor, paciencia y a cuidarse mucho la salud física y mental.

Un comentario en “Año 2020, una peli (mala) de catástrofes

  1. La película propuesta podría ser la precuela (a posteriori) de «The Walking Dead», «World War Z» y/o «Z Nation». El artículo… para reflexionar y los consejos prácticos finales, muy «zazen».

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